Las armas romanas y el ejército más poderoso de la historia

Historia

El Ejército Romano se convirtió en la más poderosa fuerza militar de la Historia. Sus fuerzas armadas, perfectamente organizadas y disciplinadas constituyeron posiblemente el primer ejército profesional. 

Gracias a su temible arrojo, unido a las estrategias militares hicieron que los bárbaros se mantuvieran alejados de su territorio durante siglos. Esta maquinaria colosal también sirvió obviamente para conquistar nuevos territorios para el senado o en otro caso para el emperador. Con una disciplina férrea y mucho esfuerzo, los legionarios hacían estragos en su avance por los cuatro puntos cardinales, desde Cartago hasta Britannia y desde Iberia hasta la Dacia, con sus tácticas y con su armamento altamente sofisticado. 

Además, fue la primera vez en la historia en la que un ejército se hizo permanente, con cuerpos especializados que tras 25 años de servicio tenían acceso a una pensión o a la ciudadanía
romana con todos sus derechos, también fue el primero en hacer estándar el equipamiento que finalmente lo pagaba el estado. Grandes generales cambiaron este ejército y añadieron novedades, como Mario que abrió al ejercito a todas las personas del imperio.
 

 

Las armas que desarrolló el Imperio Romano se caracterizaron por su constante evolución, dependiendo del perfil de sus enemigos.

En lo que al equipamiento básico se refiere el soldado romano calzaba unas sandalias de cuero llamadas “Caligae”, una túnica de lana  y un “cingulum” un cinturón donde se podía envainar la espada y el puñal. Los flecos de grueso cuero curtido o metal en algunos casos reforzaban la parte de
los genitales en caso de golpe. 

 

Refiriéndonos al armamento y defensa del soldado, este portaba una espada “Gladius”, un puñal “Pugio”, dos jabalinas “Pilum”, cinco “Plumbatas”, un casco “Galea”, una coraza “Lorica Segmentata” y un escudo “Scutum”. La verdad es que dependiendo de la época algunas cosas cambiaron, el armamento y
defensa no fue el mismo durante la República que durante el Imperio, debido a la importancia que le daban los generales a la adaptación a cada medio militar.

 

 

ARMAS

Gladius Hispaniensis:

El término Gladius fue el nombre romano utilizado generalmente para designar a la espada común.
En la época de la República también hacía referencia, al igual que hoy en día, a un tipo específico de espada corta utilizada por los integrantes de las
legiones del siglo II  de unos 60 centímetros de largo.

Se llegaron a utilizar diversos diseños. Entre los coleccionistas y recreacionistas se manejan principalmente tres tipos primarios, conocidos como el Gladius Mainz, el Fulham y el Pompeii (los nombres hacen referencia al lugar en el que se
encontró el ejemplar original). Excavaciones arqueológicas más recientes han descubierto otra versión, más reciente que las anteriores, denominada Gladius Hispaniensis.

El Gladius era preferentemente un arma de apuñalamiento letal, muy manejable y, por lo tanto,
muy rápida ya que se usaba a muy corta distancia. El soldado romano buscaba acercarse al enemigo, y aprovechaba el momento en que éste trataba de
golpearle, o lo hacía inútilmente contra el escudo o la armadura, para lanzarle una veloz estocada para matarle.

Esta espada romana fue una evolución certera de las espadas cortas celtíberas de Hispania durante las Guerra Púnicas. Su hoja de doble filo hace que sea un arma diseñada para hacer tajos profundos y apuñalar, sobre todo esto último ya que parapetado tras el escudo con esta espada el soldado romano
podía lanzar estocadas al vientre y las piernas del enemigo. Perfecta para luchar en formaciones cerradas. En muchas ocasiones estas tácticas no
estaban diseñadas específicamente para producir la muerte, sino que simplemente con dejar al enemigo herido grave, impedían que siguiera luchando, al tiempo que al quedar tendidos en el suelo, entorpecían el avance enemigo.

 

Pugio Romano: 

Este pequeño puñal, muy afilado y colocado en el cinturón de los soldados, era el último los recursos en una batalla, El pugio era una daga de pequeñas dimensiones utilizada por los antiguos soldados romanos posiblemente como un arma auxiliar y elemento de prestigio. De origen celtíbero, al igual que otros equipamientos de los legionarios, la daga sufrió una serie de cambios a lo largo del siglo I. Generalmente tenía una hoja larga y en forma de hoja, de entre 18 y 28 centímetros de largo y 5 centímetros o más de ancho. Poseía un nervio central que dotaba a la hoja de resistencia y firmeza.

Resultaba un arma diseñada para apuñalar, pudiendo con una buena estocada por parte del
legionario perforar perfectamente una cota de malla.

Más adelante, a mediados del siglo I se modificó la unión entre la hoja y la empuñadura, que en un principio iba remachada para luego ir encajada a través de una barra insertada en la daga. Con este cambio, que no supuso en principio una gran modificación de la apariencia del pugio, se posibilitó que los filos de modelos posteriores fuesen más estrechos (de menos de 3,5 cm de ancho),
con un mayor ahorro de material y mayor índice de penetración.

Spatha

El término Spatha hacía referencia a cualquier tipo de espada, hasta el punto de que el término castellano espada procede directamente del latín spatha. Sin embargo, era más habitual utilizar el término para referirse a un tipo de espada más larga que el gladius, característica de mediados y finales
del Imperio. A lo largo del siglo I  la caballería romana comenzó a utilizar estas espadas más largas lo que multiplicaron su poder devastador entre las filas enemigas, y ya en siglo II la infantería empezó a incorporar este arma en su equipamiento militar. La mayoría pasaron a usar lanzas, pero algunos también usaban espadas más largas. 
Al contrario que el Gladius, la Spatha permitía mantener la distancia frente al enemigo y era más adecuada para atacar con el filo en lugar de con la punta.

Otras espadas más cortas se conocían entonces como la Media Spathae o ‘media espada’.
En un yacimiento del siglo III en Künzing se encontró un ejemplar de espada corta de filo triangular y varias de filos estrechos (con filos de entre 23 y
29 centímetros). Se cree que la mayoría de ellas estaban forjadas a partir de Spathae rotas o inservibles para la batalla.
La totalidad de las espadas altomedievales de Europa y Oriente Medio provienen de estos modelos romanos tardíos

Pilum Romano:

Estas jabalinas eran transportadas por los legionarios y eran de dos tipos una pesada y otra ligera. Fueron diseñadas para inutilizar armaduras y escudos, así como acabar con enemigos, sus puntas se torcían una vez acertado el blanco por lo que el enemigo
no podía reutilizarlas. 

El pilum (en plural, pila) era una jabalina pesada utilizada habitualmente por el ejército romano. El pilum pesado era una asta de madera a la que se le
unía una vara metálica por medio de un remache que medía alrededor de unos 120 cm en total y unos 60 cm únicamente la vara metálica. Pesaba normalmente entre 2 y 4 kilogramos, siendo las versiones producidas durante el Imperio un poco más ligeras que las de la República. La punta era pequeña y de forma piramidal que al ser la vara metálica más delgada que la punta se deslizaba con facilidad por el agujero hecho por la punta. Al llegar con fuerza desde las filas romanas, con el impacto perforaba sin problemas cualquier escudo de madera, alcanzando a menudo a quien se protegía con él.

Una vez que el enemigo estaba al alcance, los legionarios lanzaban una lluvia de pila sobre ellos, causando un gran daño antes de que la batalla cuerpo a cuerpo tuviera lugar.

El pilum estaba diseñado para que la punta metálica se doblara en el impacto, dejando inmanejable el escudo y evitando que el pilum pudiera ser utilizado de vuelta contra las tropas romanas. Los romanos también usaron además del remache para este efecto el destemplado de la vara metálica. Además, los forjadores romanos podían repararlos con suma facilidad después de cada batalla. Se hicieron
modificaciones posteriores, como añadir una bola de metal en la punta para tener mayor capacidad de penetración

 

Plumbata

Cada soldado debía llevar hasta cinco de estos proyectiles en la cara interior de su escudo, permaneciendo a mano para ser lanzados
durante la carga o mientras se tomaba una posición defensiva, momento en que eran lanzados por los miembros de la tercera fila. La
plumbata se lanzaba fuertemente con una sola mano y según las últimas investigaciones de arqueología experimental, conducidas con réplicas de varios tamaños, se podía
lograr un alcance de hasta 60 m. Esta distancia concuerda con el comentario de Vegecio respecto a que los soldados que lanzaban la
plumbata ejercían el papel de arqueros pues “conseguían herir al enemigo antes de que entrase en el radio de alcance de los proyectiles convencionales”.

Gracias a la evolución y calidad de sus armas, el Ejército Romano en el bajo Imperio no decayó en calidad; sino que, si bien todas las armas mencionadas gozaron de cierta continuidad, la maquinaria militar romana se mantuvo inmersa en un continuo proceso de adaptación a los nuevos escenarios de guerra y conquista y a los nuevos retos que imponían los enemigos en su avance. Mientras que el pilum fue un arma de gran importancia para los enfrentamientos cercanos contra grandes masas de infantería, se mostró como un arma escasamente eficaz para hacer frente a los acorazados jinetes persas, cartagineses y godos. La lancea fue por tanto la respuesta natural a la necesidad de enfrentar a los jinetes enemigos al tiempo que se era capaz de mantener un rango mínimo de alcance entre las armas arrojadizas, lo cual se mostraría igualmente poco adecuado
contra los temibles arqueros a caballo que desde finales del siglo III poblaban las fronteras orientales de Roma. Por tanto, fue necesaria la invención de un
arma que dotase a los infantes romanos de un alcance hasta entonces sin precedentes, pero que al mismo tiempo no impidiese el empleo del
scutum
ni impidiese desenvainar rápidamente la espada: la
plumbata, con un alcance que duplicaba el del pilum o la lancea y cuya simple utilización era la respuesta perfecta.

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